Los jóvenes, hoy en día, estamos expuestos a caer en muchas trampas que alguno gente va poniéndonos por ahí. Muchos de mis compañeros encienden cigarrillos al salir de clase porque creen que eso les hace más mayores y más interesantes para las chicas del instituto. También se apuntan a esta falsa moda sin querer saber que esto puede producir daños muy graves para nuestra salud. Algunos, según dicen, fuman porros o toman pastillas para pasárselo bien el las fiestas. Y beben bebidas alcohólicas en los botellones con el riesgo de terminar embriagados. Todo esto es muy preocupante para mí.
Porque me parece que eso que no tiene mucho sentido, es decir, estropearse así porque así y despreciar la vida con esas tonterías me parece un locura. De echo el otro día me ofrecieron darle una calada a un cigarrillo y claro está yo me negué. Aunque cuando te ofrecen la primera vez es difícil decir que no porque te surge la duda de que puede ser interesante pero tienes que tener valentía y madurez para poder decir que no.
Estos días atrás Nerea se comporta muy raro, se junta en el recreo con gente muy extraña y cuando le saludo, me saluda simplemente cuando antes solía mandarme una sonrisa de oreja a oreja. Era muy extraño. Me atreví a preguntarle que es lo que le pasaba y me dijo que tenía problemas pero no me dijo nada más.
Ayer al salir de clase le esperé en la puerta del colegio y me di cuenta de que se había dejado llevar un poco por este mundo. Desde ese día he estado insistiéndole a Nerea de que deje ese ambiente y que es demasiado lista y buena persona para que lo estropee de esa manera. Luego, por la tarde le eché un pequeño sermón y así entró en razón.
Andrea Hermida. 6º B
